- En Los Cabos, la proliferación de baches se ha convertido en una de las crisis de infraestructura más críticas para el municipio
- El crecimiento demográfico acelerado del municipio no ha sido acompañado por proyectos hidráulicos ni pavimentaciones de concreto hidráulico que canalicen correctamente las corrientes de agua.
El Marlin Rojo
Los Cabos, Baja California Sur, México. – El colapso de la movilidad vial en este destino turístico ha alcanzado niveles críticos en las últimas semanas. El incremento desmedido de baches y socavones en las principales avenidas y colonias populares ha convertido el tránsito diario en un desafío para miles de automovilistas, dejando en evidencia la baja calidad de las obras públicas y una profunda falta de planeación a largo plazo por parte de las autoridades.
Lo que comenzó como afectaciones menores tras las recientes lluvias estacionales, hoy se ha transformado en una crisis de infraestructura que estrangula la circulación tanto en Cabo San Lucas como en San José del Cabo. Vialidades estratégicas como la Prolongación Leona Vicario, la Avenida Alta Tensión y diversos tramos del Corredor Turístico de la Carretera Transpeninsular, se encuentran severamente dañadas, provocando un tráfico a vuelta de rueda y largas filas que duplican los tiempos de traslado de los trabajadores y el sector turístico.
En Los Cabos, la proliferación de baches se ha convertido en una de las crisis de infraestructura más críticas para el municipio, el pavimento de zonas clave de Cabo San Lucas, San José del Cabo y la propia Carretera Transpeninsular presenta un grave deterioro. En respuesta, el XV Ayuntamiento de Los Cabos, mantiene activo el programa emergente «Caza Baches» y a través de la Dirección General de Obras Públicas, las cuadrillas trabajan utilizando maquinaria especializada para reasfaltar los tramos más afectados de los corredores turísticos y las colonias.
Al respecto, la ciudadanía ha manifestado en redes un hartazgo generalizado ante lo que consideran soluciones superficiales. La implementación del programa emergente «Caza Baches» por parte del XV Ayuntamiento, aunque necesario para mitigar la emergencia actual, es visto por expertos urbanos y residentes como un paliativo temporal. Las denuncias ciudadanas apuntan a que los materiales asfálticos empleados carecen de la resistencia necesaria, provocando que los mismos baches reaparezcan con la llegada de cualquier llovizna.
Esta situación abre un debate urgente sobre la falta de visión en la planeación de la obra pública local. El crecimiento demográfico acelerado del municipio no ha sido acompañado por proyectos hidráulicos ni pavimentaciones de concreto hidráulico que canalicen correctamente las corrientes de agua. En su lugar, las calles de Los Cabos son presa constante de un ciclo de «bacheo y deslave» que consume recursos públicos sin ofrecer una solución definitiva.
En este sentido, es importante destacar que en trienios anteriores la Iniciativa Privada ha participado ante el llamado de la autoridad apoyando con materia prima (trompos de cemento y personal) para mitigar el problema, sin embargo, el problema nunca se ha solucionado de fondo y en esta ocasión la autoridad no ha recurrido hasta el momento a pedir ayuda.
Más allá del caos vial, la problemática está cobrando una factura directa al patrimonio de los cabeños. Los talleres mecánicos y vulcanizadoras reportan una alta demanda debido a rines rotos, llantas ponchadas y severos daños en los sistemas de suspensión de los vehículos particulares y del transporte público.
Mientras el destino presume infraestructura hotelera de primer nivel y captación de divisas internacionales, sus arterias viales urbanas reflejan un rezago que urge ser atendido, no con parches, sino con una reingeniería vial integral y transparente.
La reacción de la ciudadanía y los sectores locales ante esta situación se divide en los siguientes puntos:
Indignación y hartazgo en redes sociales: Los automovilistas y residentes están expresando una molestia generalizada debido a que los enormes hoyos —calificados en múltiples denuncias públicas como «verdaderos cráteres»— obstaculizan la movilidad vial de manera cotidiana.
Preocupación por daños patrimoniales: El descontento ha escalado debido a que caer en estos baches está cobrando una factura directa a los ciudadanos, provocando ponchaduras de llantas, rines rotos y averías costosas en los sistemas de suspensión.
Contraste con la opulencia del destino: Existe una crítica recurrente sobre la disparidad de las calles viales. Muchos ciudadanos cuestionan en plataformas digitales cómo un municipio con una derrama económica y turística tan alta, considerada de primer nivel, no cuenta con un presupuesto preventivo o materiales duraderos para evitar la destrucción inmediata de las calles tras una tormenta.
Aceptación moderada de los trabajos nocturnos: Aunque la presión social obligó a las autoridades a agilizar las reparaciones de noche para evitar el colapso del tráfico, los habitantes exigen que las soluciones de reencarpetamiento sean definitivas y de calidad, ya que acusan que el bacheo tradicional se deslava con facilidad en la siguiente temporada de lluvias.
Las afectaciones por baches se concentran tanto en las grandes avenidas de conexión como en los accesos a colonias de alta densidad poblacional. De acuerdo con los reportes ciudadanos y las zonas prioritarias del programa gubernamental «Caza Baches», las colonias y vialidades más críticas incluyen:
La carretera transpeninsular, en el corredor turístico, tramo que conecta las ciudades de Cabo San Lucas y San José del Cabo, presenta baches aislados pero muy peligrosos por la alta velocidad, especialmente a la altura de desarrollos como Chileno Bay; La carretera de Cabo San Lucas a Todos Santos, registra enormes hoyos que retrasan el flujo hacia el norte del municipio.
En Cabo San Lucas específicamente está el bulevar Constituyentes el cual es un constante foco de quejas y denuncias ciudadanas por la acumulación de agua que oculta los daños viales y que ocasionan severos daños a las unidades móviles;
La colonia Lomas del Sol, particularmente afectadas en la prolongación Leona Vicario (a la altura de Bodega Aurrerá), y que es una de las zonas donde se han denunciado baches de gran profundidad; Los Cangrejos, sus calles secundarias y rutas de transporte público sufren graves afectaciones por el arrastre de arena y desgaste tras las lluvias; En la colonia El Progreso, el paso por el Bulevar Hidalgo (cerca de Arcos del Sol) ha requerido intervenciones urgentes de reencarpetado; También en la zona de El Tezal, los accesos principales a esta zona residencial y comercial suelen quedar muy dañados tras los temporales debido a las escorrentías de agua; Todo ést, sin mencionar que también existen gran daño en las colonias de Miramar, Colinas Plus y la transitada Avenida Nicolás Tamaral entre otras..
En San José del Cabo, tanto la colonia El Zacatal como la colonia Santa Rosa, son zonas críticas debido al cruce de vados; la Avenida Alta Tensión es uno de los puntos con mayor desgaste vial; En Monte Real y El Rosarito, los accesos y vialidades internas de estos sectores han presentado severos daños en la carpeta asfáltica; también las colonias Las Veredas, Buenos Aires y San Bernabé, que son comunidades periféricas tienen un alto nivel de deterioro.
En este orden de ideas, la necesidad de implementar una acción definitiva que vaya en el sentido de buscar terminar con este ciclo interminable de fuga de recursos y esfuerzos es inminente. Necesario es pues, que la autoridad, en vez de priorizar su imagen política, se siente con los actores principales de la comunidad para sentar las bases de una mejor planeación.





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