De la inconciencia social de desanimArte

“Advertir la vida mientras se vive, alcanzar a vislumbrar su implacable grandeza, disfrutar del tiempo y de las personas que lo habitan, celebrar la vida y el sueño de vivir, ése es su arte.” (Doménico Cieri Estrada)

Condenarro

Por aquí, mi es_timada(o) lectora(or), traigo girando en la chompeta un tema que no termina de engranarse, algo qué intento; o quiero expresarte en relación al diario acontecer. Por lo general intento debrallar sobre asuntos propios de Los Cabos y sus habitantes, mas en esta ocasión, el tema por sí mismo va más allá de toda frontera geográfica, ideológica, espiritual u otras. Estoy casi completamente seguro de que todos disfrutamos, cada quien a su forma e interpretación, del arte en todas, o en algunas, sus manifestaciones. También soy de la opinión que no nos hemos, al menos yo, dado a la tarea de descifrar, con la ayuda de la academia, la historia, la histeria y/o la realidad cotidiana, del alcance que puede tener tan noble y subvaluado ejercicio social.

De inicio, una mala costumbre que tenemos -yo sé que cuando uno generaliza se equivoca, mas en éste caso me refiero a un error inconciente colectivo- de integrar en la misma palabra al arte con la cultura y vice versa. Incluso el uso costumbrista del concepto arte-cultura-arte lo hemos escuchado de voces representativas “de la cultura” y todo lo que ésta implica; como cuando hablamos de festivales culturales y se presentan solo actividades artísticas. En éste punto se me ocurre otro error colectivo, pues ponemos al arte sólo en el casillero del entretenimiento, que si bien es cierto que cumple esa función, también es una fortízima herramienta de consolidación e integración social, pero, déjenme le bajo un cambio.

Si bien sabemos que la cultura es el conjunto de conocimientos, creencias, artes, normas, costumbres y formas de vida que comparten los miembros de una sociedad, podemos entender el arte como la manifestación de la actividad humana mediante la cual se expresa una visión personal que interpreta lo real o imaginado con recursos plásticos, lingüísticos o sonoros, y que se percibe y entiende de forma individual, que puede o no ser compartida. Manifestaciones, valga señalar, que dieron inicio a toda comunicación humana desde el comienzo de las comunas, es decir, de alguna manera, por medio del arte (así definido mucho tiempo después, supongo) se inició la construcción de la cultura universal. Dudo mucho tener la capacidad de exponer y desglosar el nacimiento del arte y el proceso al cómo lo conocemos hoy día, pues lo desconosco. Y la realidad es que no es mi objetivo.

Siento que el arte, y el concepto usual, mas no el real, de cultura, desde el ámbito gubernamental, es y ha sido subvaluado e inducido por generaciones y, principalmente, en lo económico. El encontrar cómo explicármelo para intentar explicárselo a mi es-timada(o) lectora(or) que esté interesado, ¡ese sí es mi objetivo! El primer ejemplo evidente al respecto, es el presupuesto (histriónicos en realidad) que los gobiernos destinan a la Cultura y de ahí, lo que le toca al arte. Desde la burocracia, el concepto “Cultura” pasa a ser una entidad, casi institución, sin cultura propia y versátiles intereses. La fuerza social del arte no es medible. Precisamos entender el arte como engranaje social desde la filosofía y la sociología, tal cómo algunos pensadores han analizado el arte no como algo aislado, sino como un producto y productor de la realidad social. El arte no solo decora el mundo, sino que lo construye, legitima, o lo destruye.

Fue el filosofo francés Gilles Deleuze, quien afirmó: “Todo acto de resistencia no es necesariamente una obra de arte aunque, de cierta forma, lo es. Toda forma de arte no es acto de resistencia, y por lo tanto, de cierta forma, lo es”. Ligo lo anterior con la cita de inicio, el arte de la vida no es tomado y/o valorado como tal, es decir, hay quienes viven cada segundo de su vida y hay quienes sólo a intervalos o, con horario urbano-humano, creo que es triste. Mejor explicarte parafraseando al escritor, poeta y filósofo Oscar Wild: “Lo menos frecuente de este mundo es vivir. La mayoría de la gente sólo existe, eso es todo”. Por otra parte, aun cuando lo obviamos por cotidianeidad, el arte forma parte del diario individual y se comparte o se discrepa en lo colectivo de alguna manera, aun cuando sólo fuera esporádicamente durante el día. El arte ha sido arma y herramienta de cada etapa en el desarrollo comunal humano.

Por supuesto, imagino, que hoy día el presupuesto para el arte es menor que el armamentista por aquello de “El arte de la guerra” que, particularmente, señala que la mejor victoria es la obtenida sin violencia física. Y la historia lo refleja por medio del arte que lo expone de diversas formas: música, literatura, poesía, teatro, danza, pintura, escultura, cine, fotografía, incluiría la IA, pero el arte al que me refiero es a base de inteligencia artesanal. En resumen la guerra y la paz (con una disculpa a Tolstoi, que artísticamente lo describió en escenarios rusos) es la historia del humano, de la cultura… y del arte. Y, a pesar del incuantificable beneficio económico y político, o peor, los dos en uno (privilegiados más que definidos) que genera la guerra, el arte bien pudiese ser el medio de contrarrestarla, si acaso esos privilegiados no tuvieran temor de liberarte.

Aun se me complica el llegar al punto que esperaba arribar, que, obvia decirlo, también es interpretativo. Hoy día vemos y leemos en las redes sociales, portales informativos e incluso en los aun existentes periódicos impresos y, claro está, aunque no esté claro el motivo real de ello, por televisión abierta y/o privada, el descontento y desconcierto de la juventud actual; tal vez algo similar a lo sucedido en 1968 en Europa, Asia y América, en México, 1968 marcó una pauta. En ambos casos, histórico y actual, el arte ha sido una de las herramientas más utilizadas, por medio de la música, grafitis, plástica, escultura, literatura y poesía. Por lo que percibo, tomamos el mensaje, lo aceptamos, lo entendemos, tal vez lo comprendemos y lo dejamos de lado; es decir, cada expresión deja una huella, en la mayoría pareciera efímero el efecto. No valoramos a profundidad el mensaje social, mas no se dejan de crear expresiones que renuevan ese ímpetu de señalar puntualmente, o en abstracto y/o metáforas, analogías e incluso alegorías, el descontento social que tanto molesta a quienes creen poder con el poder que piensan tienen sobre los demás, sustentando su argumento en el poder económico, político y tecnológico, que es preciso y urgente lo mantengan bajo extricto control… “para un bien mayor”.

El arte por sí mismo no requiere, de hecho, repele cualesquier tipo de control creativo, es anárquico, es decir ordenado, disciplinado, comprometido, organizado y con objetivos visibles y viables, por ello es contrario a cualquier intento de institucionarlo. No quiero decir que debiesen desaparecer las instituciones creadas, en teoría, para apoyar esa forma de expresión social, mas rechaza de origen cualquier intento, por disfrazado que pueda ser, de utilizarse para el adoctrinamiento, muy común, de hecho a lo largo de la historia. Imperios, religiones, monarquías, dictaduras y hasta democracias en cualquiera de sus presentaciones y/o máscaras.

A lo que quería llegar, es que a pesar de gozar, sentir, disentir o enamorarse del arte que se nos ofrece, dejamos pasar sus efectos cuando se presenta algo nuevo, inclusive cuando eso nuevo dé seguimiento o complemente la anterior expresión. Digamos por ejemplo, festivales culturales dónde el arte es elemento de mayor importancia, que da cabida a otras formas de expresión cultural, social, científica, académica, histórica; por ejemplo, México tiene Festival Internacional Cervantino, reconocido en el ámbito mundial; y nosotros, en Los Cabos, tenemos, desde hace 12 años, el Festival de Artes Escénicas Urbanas Pah’la calle que llega a su 13va Edición, y que trasciende como tal, y que surgió como una necesidad social en un momento de coyuntura por repercusiones del comportamiento climático natural, un Odile muy agresivo, una sociedad impreparada, una infraestructura de ornato… y funcionó, y sigue funcionando y cuyos efectos, pasan a un segundo plano, una vez concluye, por actos políticos o por el día de la virgen, la navidad, el año nuevo, campañas políticas y otras festividades bíblicas o escándalos sociopolíticos o de la farándula. Mas queda en la memoria, principalmente en la niñez y juventud, una chispa del mensaje que con un detonante menor la enciende; una imagen, una canción, una cara, optimismo y/o esperanza, y es por ello que no se si logré el objetivo, pero me desahogue, por lo que me retiro y reitero como un simple y pobre loco peligroso irreverente, irrelevante, irremediable pero irresistible y real prófugo de la injusticia que para el arte le representa su manipulación que sí harta.

“El arte es más que un patrimonio cultural, sirve para crear una memoria colectiva” (Ilaria Verde)

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