De afanes y desafanes…

La verdad es única, y se nos aparece desnuda y sencilla, somos nosotros los que la desnaturalizamos con interpretaciones, eufemismos y sofismas, y la disfrazamos con tergiversaciones, ambigüedades y estrategias.” (José Luis Rodríguez Jiménez)

Condenarro

El refrán reza “no hay quinto malo”, y me resulta curioso, pues su origen viene de la fiesta taurina -que no soy fan- en el sentido de que el quinto toro por lo general era el mejor de la tarde; en la vox pópuli, refiere optimismo, como diciendo “ya toca”, o es de entusiasta optimismo, a pesar de uno mismo incluso… la última referencia es el título de una canción de Paquita la del Barrio -que tampoco soy seguidor-, esa, dónde menciona al inútil. En el diario devenir no sabría como utilizarlo. Me desafano de tal responsabilidad en mi afán de encontrar una perspectiva favorable, mas no omitiendo la realidad que vivimos, el desánimo me invade.

Existe otro aforismo popular que observa algunas variantes en su interpretación: “Tan bonita la vida y tan pendeja la gente”, entre las variantes, aparecen adjetivos como hipócrita, falsa, yo añadiría ciega y/o sorda, o como dijo alguna vez una amiga, “¡estás viendo y no miras!”. La primera cita muestra un tipo de afán en el que lo que siga sea mejor, incluso para Paquita (qpd); la segunda, por otro lado, sutilmente nos dice que estamos excretando fuera de la olla… sociopolítica-económica y sustentablemente, y lo más triste es que lo estamos viendo y no miramos; ese afán de desafanarnos cuando la bronca ya nos sobrepasó. Basta con ver noticias, si es que aún existen como tales en el mundo, en el país.

Hoy por hoy se evidencia el irrespeto a nuestros litorales y la violación a ojos vistos de la Constitución y algunas de sus derivadas como: LGEEPA, LGBN, Ley de ZOFEMAT; gobernadores y oposición que “invitan” a “instituciones extranjeras” a salvarnos de un problema que están interpretando a modo y apoyan la anticonstitucionalidad que ellos mismos provocan; o bien: “instituciones extranjeras de justicia” acusando a políticos mexicanos, sin pruebas fehacientes e irrevocables… aparece el “yo no tengo pruebas pero sí todas las dudas” y bien podría imaginar, una verdad histriónica, que se les atoró el guion en Brodway, culpables o no. “¡Hágame el fabrón cavor!”… al final esos funcionario se desafanan del escándalo y posible hasta del bote y se entregan a instancias extranjeras que antes se afanaron en no permitirles la entrada a su país…

Desde mi perspectiva, todos nos afanamos y desafanamos cotidiana y diáfanamente. Permítome abrir un paréntesis y/o ejemplo: Cuando me refiero a políticos, infiero a la función pública y partidos políticos, en el entendido que todos, sin excepción, somos políticos, es decir, somos ciudadanos, incluidos quienes viven bajo el régimen castrista, militar pues. A empresarios, al sector privado, grandes corporaciones nacionales y trasnacionales principalmente. Y el resto: nosotros. “Nada personal” sería la frase trillada oportuna, mas me llegó a la mente la cita esa de que “tú eres especial y único, como todos los demás” y al mismo tiempo recordé la paradoja de que somos individuos sociales. Me afano en mi desafane.

El aburrimiento es la explicación principal de por qué la historia está tan llena de atrocidad” apuntó Fernando Savater, la interpretación, como siempre es de cada quien, yo quiero entender que es ese aburrimiento -¿o hastío inocente e inconciente?- el que provoca nuestros afanes y desafanes.

En el ámbito global, percibo que la geopolítica sigue siendo controlada por los menos, sin opinión ni mucho menos beneficios reales y directos para los muchos. Medio Oriente, Ucrania, EUA, China, Rusia los primeros y y el resto del orbe los segundos, serían los ejemplos que se me ocurren más actuales y obvios. En un planeta dónde la población se ubica en los siguientes porcentajes; de 8.3 mil millones de habitantes +-: entre 59 y 60% en Asia; 18-19% en África; Europa cuenta entre el 9 y 10%; América Latina y El Caribe lo ocupan el 8%; América del Norte el 5% y Oceanía el 0.5% (ChatGPT). Los datos duros de la distribución demográfica y el acomodo de la riqueza económica estimada en cientos de miles de billones de dólares -inexistentes en físico- en manos del 1% aprox. Y éste 1% es el que controla la dinámica sociopolítica y económica del orbe (las guerras, en resumen); en tanto los muchingo se afanan en tratar de sobrevivir, el 1% se desafana de buscar un bien mayor, incluso cuando este pudiera rendirles mayores utilidades… se afanan, eso sí y con ahínco, en el manejo sistematizado e histórico de control masivo por medio del miedo. Que pian pianito se convierte en miedo al medio ambiente perdido… o en proceso.

En México, suponemos, o al menos yo, vivimos en un estado federalista. Al menos nuestra formación académica desde la educación primaria hasta dónde cada uno sigue o siguió, la República de Los Estados Unidos Mexicanos se rige bajo esta figura; En teoría refiere la Constitución que el poder se divide -independientemente del ejecutivo, legislativo y judicial- entre un gobierno central (federal) y entidades federativas (Estados). En teoría, cada nivel tiene competencias propias y autonomía; en la práctica, ese equilibrio ha ido cambiando con el tiempo. Es cuando me topo con pared, dijera la analogía popular, dónde la teoría y la práctica no concuerdan, mucho menos coinciden no obstante los lugares comunes entre ambas son todos.

En el ámbito nacional, percibo, la lucha de poderes, o por el poder de manipular los tres poderes, o el simple hecho de tener el poder de manipular a los muchos a favor de los pocos no ha disminuído a pesar de dos siglos de independencia y uno de revolución. Esta lucha que se concentra en quienes “gobiernan” conforme manda la ley (sic), quienes por medio de partidos políticos que nacen crecen se reproducen y mueren, casi todos, y, por supuesto, quienes cuentan con todo el presupuesto privado y se empecinan por no ser privados de sus privilegios… y sin alusiones personales y/o de grupo, quienes controlan en conjunto o independiente, la dinámica ecomómica del país al margen de registros oficiales… Es natural que cada una de las entidades federativas, así como todo el espectro “chilango”; 16 alcaldías, tenga sus “peculiaridades”, muchas similares entre sí. En las entidades costeras, una constante se observa en las playas y el afán de corporativos nacionales e internacionales apunten sus intenciones e intere$e$ en la explotación sin reserva de la riqueza natural y la principal materia prima turística… la naturaleza y las playas… Punta Mita, Playa Las Cocinas ejemplos más reciente. Y así se desafanan de esa responsabilidad social que presumen en “brochures” y volantes publicitarios.

En relación al federalismo preciso mencionar que se obliga a los tres niveles de gobierno a trabajar día con día de manera coordinada en temas como salud, educación, medio ambiente, cobro de impuestos, investigación científica, seguridad pública o celebración de elecciones. Independientemente de los resultados, no son responsabilidad exclusiva de un presidente, de un gobernador o de una presidencia municipal, sino de un intrincado sistema de colaboración que pocas veces se revisa con atención y participación ciudadana y se refiere a los sistemas nacionales establecidos en la Constitución. El tema es de relevancia, no menor, y por tal aquí me desafano de ahondar en ello y me afano en algo más sencillo, más regional, local pues.

En mi afán de explicarme, no mediante desafanes lingüísticos y/o rolleros, me recargo en un aforismo de Confusio: “El gobierno es bueno cuando hace felices a quienes viven bajo él y atrae a quienes viven lejos”. Con ello trato, sin tanto afán, de explicarme. Si bien el federalismo pudiese ser un buen sistema, dentro de la democracia que suponemos tener, la realidad en los tres niveles de gobierno y el seguimiento cabal del mandato constitucional a cada una de ellas dista mucho de tal idea. De inicio la misma legislación al respecto es ambigua y traslapa, en no pocos casos, el ámbito jurisdiccional de cada uno y/o de los tres en su conjunto.

Ejemplo simple; en los temas de seguridad pública, salud y educación, se provoca que los tres niveles de gobierno se superpongan, generando vacíos de responsabilidad o conflictos sobre quién debe asumir el costo y la ejecución de las políticas, es decir, todo se revuelve y, como dice otro dicho: “a río revuelto…”. En resumen: La línea divisoria sobre qué servicios y decisiones corresponden a la federación, al estado o al municipio suele difuminarse… o peor, lo ya regular, interpretarse a modo.

Espero mi es_timada(o) lectora(or) que en mi afán de entender un desmadre mal organizado de origen, no crea que me desafano de mi intención de hacerlo elocuentemente, tanto como mi comprensión del federalismo como teoría política, o de la interpretación oficial que se ejerce del mismo. Para muestra de todo ello, echémonos un clavadito al Golfo de California y sus dos colindantes, digamos Loreto y Los Cabos del lado peninsular, y proyecto Sahuaro, Topolobampo y Punta Mita del continental, donde todo se está haciendo de un modo equivocado, y dónde cada quien tiene su_razón. Afanándose cada quien en desafanarse de cada cual.

Siento que todo el desbarajuste que provoqué en mi chompeta me llevará a trepanaciones insospechadas, y me defenderé con una cita de Concepción Arenal: “Cuando la culpa es de todos, la culpa no es de nadie.” con lo cual me desafano de momento de la controversia emocional que me he provocado sin ningín afán, como un simple y pobre loco peligroso irreverente, irrelevante, irremediable pero irresisitble y real prófugo de la injusticia afanada en la desafanación del enfado social.

La desdicha, como el dolor físico, iguala los minutos. Los días se convierten en el mismo día, los actos en el mismo acto y las personas en un solo personaje inútil. El mundo pierde su variedad, la luz se aniquila y los milagros quedan abolidos.” (Elena Garro)

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