Interesante y paradójico la ironía de los individuos sociales…

«Ningún hombre es una isla, completo en sí mismo; cada hombre es un pedazo de continente, una parte del todo.» (John Donne)
Condenarro
-En memoria de mi amigo y colega…
En esta ocasión mi es-timada(o) lectora(or) el tema que me ocupa y preocupa a muchas de las personas que me son cercanas fraternal y/o familiarmente, y es la empatía real que tenemos para quien o quienes nos rodean, su estabilidad emocional. Pareciera que es algo simple y llano, mas, cuando ocurre un suceso en el que todos nos vemos impactados por lo extrañamente esperado, y lo más triste sin percibirlo de golpe y porrazo -debiéramos- que ni siquiera nos damos cuenta hasta que la congoja nos invade, el enojo por omisión nos oprime. Lo acabo de vivir, ¡o acabamos de vivir y no todos lo vivimos en realidad!

Hace pocos días -ya casi un mes- mi amigo y colega, amigo de todos, o casi todos, y colega de la mayoría, nos reunió a todos para que de alguna manera nos despidiéramos, o cerráramos un ciclo; caras tristes, largas, llantos, sorpresas del como y la duda compartida de los cómos y porqués de una decisión tomada y ejecutada, ejerciendo, querámoslo o no, su derecho de decisión sobre sí mismo. Nos dijo adiós de golpe y porrazo, contundente y seguro estoy con la mejor intención… nos legó enseñanzas que apenas empiezo, no sé si sólo yo, a entenderlas, comprenderlas y digerirlas. La persistencia y tenacidad una de ellas.

Abro paréntesis dado que aparece un tema que si bien no es tabú, sí una autorestricción en una intercomunicación, personal o comunal, y me refiero a la neurodivergencia, a quienes la viven frente a los neurotípicas(os), que suponemos somos la mayoría; las reacciones, y diga las porque cada quien responde o reacciona de diferente forma, bien puede ser de indiferencia, de conmiseración, de hastío, de burla, de impaciencia, y la no más popular, aun cuando debiese, la empatía, dado que si bien hay características en su cotidianeidad, somos todo personas con derechos y obligaciones que se cumplen de acuerdo a las capacidades de cada quien, independientemente de su condición física, mental, económica y/o anímica; La primera impresión y/o reacción de una persona neurotípica ante una neurodivergente, aun cuando es impredecible, por lo general es de rechazo mediante el miedo, el enojo o la huida de la situación, con resultados anímicos desfavorables para el/la neurodivergente. Normalmente el tema queda a discusión en instituciones y especialistas en el trato de las neurodivergencias, cuando bien podríamos, sin tanto esfuerzo y menos sacrificio, de simplemente aceptarlas como tales, pues son normales para quienes viven en esa condición y no los hace ni más ni menos personas, aun cuando es evidente que la sensibilidad de estos es mayor… tampoco lo consideramos.

El estado emocional de cada quien, por lo general, queda en el interior y para uso y/o padecimiento exclusivo, no precisamente por gusto; el no externarlo pudiera tener muchos motivos e incluso razones personales, aun cuando creamos que no pudiesen ser razonables sus argumentos. Independientemente de ese razonamiento, quienes conviven estrecha o constantemente con quien tiene o sufre de un estado emocional de tristeza, soledad, frustración, carencias, insuficiencia propia, dolor y/o enfermedad, se pueden esconder en una máscara perfectamente portada, con una sonrisa abierta y “franca” que obviamos ver la mirada que no esconde nada, con la disposición a ayudar; el afán de seguir trabajando y otras fachadas que bien pudiera perder de vista. Máscaras que nos permiten, consientes o no, desentendernos de dichos padeceres.

La congoja me golpea, y veo que no soy al único. Cierto que nadie puede ser culpable de las decisiones, buenas, malas, estupendas o funestas de terceras personas, por muy cercanas que sean. Mas de alguna manera, cuando alguien presenta síntomas, más que evidentes de depresión, por esa amistad, hermandad, afinidad o simple sentido común, debiésemos tener la responsabilidad moral y solidaria de, al menos, preguntar, saludar, acompañar… aun cuando parezca increíble y cursi, o de gión de película, un simple saludo, gesto de amistad, acto de empatía puede representar mucho… incluso todo. La realidad, triste e incluso hipócrita es: “no tengo tiempo”, “no me di cuenta”, tengo mis propios problemas” y un etcétera enorme.

Mi amigo y colega, nuestro amigo y colega creó su propia forma de vida de acuerdo a sus intereses y posibilidades y se ganó un espacio en la comunidad, se festejaba sus logros y cumpleaños es decir , se buscaba construir su entorno social, cosa que hasta a muchos neurotípicos cuesta … hablar de neorodivergencias, de salud mental, de soledad y desarraigo en un destino premier … aunque se quiera voltear a otro lado, es imperante. Necesario.
