El Sexto Municipio como acto de justicia administrativa
Por Emmanuel Novelo
“Donde hay recaudación, debe haber representación.”
En pleno debate sobre la creación del Sexto Municipio, con Cabo San Lucas al centro, ha resurgido un argumento clásico: crear un nuevo municipio sería duplicar estructuras administrativas y engrosar el gasto público. Eso se escucha, entre otras voces, de Julio Castillo, quien pide no convertirlo en un tema electoral.
Pero si vamos a debatir con seriedad, hay que hablar claro… y con datos.
Cabo San Lucas ya tiene estructura de gobierno. Y ya tiene costo.
La ciudad no es un vacío sin autoridad: opera ya una delegación con personal, oficinas, vehículos y presupuesto asignado, todo pagado actualmente por el municipio de Los Cabos. Es decir: ese costo ya existe.
¿Entonces dónde está la duplicidad?
La transformación que propone la municipalización no es inventar de cero, es elevar la jerarquía de lo que ya existe. El Delegado pasaría a ser Presidente Municipal; coordinadores se convertirían en directores; las oficinas actuales podrían ser la base del nuevo Ayuntamiento. ¿Inversión? Sí. ¿Un gasto nuevo? No tanto… más bien un ajuste de orden y reconocimiento.
De acuerdo con la Cuenta Pública Anual 2023, la delegación de Cabo San Lucas aportó 228.2 millones de pesos en ingresos propios, contra 144 millones aportados por San José del Cabo . Es decir: Cabo San Lucas genera cerca de 60 % de los ingresos propios del municipio actual.
¿Te parece justo entonces que esa recaudación provenga de acá, pero las decisiones sobre esos recursos se tomen a 40 km de distancia? Esa brecha de representación es lo que motiva el reclamo por un ayuntamiento propio.
Entonces, ¿cuál es la duplicidad real?
• Dos ciudades distintas —Cabo San Lucas y San José— con identidades, necesidades y desafíos propios, pero un solo cabildo
• Un presupuesto centralizado que proviene mayoritariamente de una ciudad
• Ciudadanos que pagan impuestos directamente en Cabo San Lucas, pero no deciden cómo se emplea
Eso sí es “duplicidad”: dos realidades distintas bajo una administración central que ya no da abasto.
El Sexto Municipio no es un capricho ni una ocurrencia político-electoral. Es una respuesta legítima para una ciudad de más de 300 mil habitantes, con actividad económica internacional, que reclama corresponsabilidad fiscal, planeación propia y cercanía administrativa.
Claro que hay riesgos: reproducir prácticas deficientes, burocratizar más, enfrentar una transición que puede ser compleja. Pero esos riesgos no invalidan el derecho a una autoridad local que rinda cuentas aquí, y no allá.
Cabo San Lucas no solo atrae turistas, financia gran parte del municipio… sino que también sufre rezagos: calles sin pavimento, drenaje deficiente, colonias sin servicios. Y todo eso sucede mientras quienes deciden ni lo ven.
Decir que municipalizar cuesta demasiado es como decir que la dignidad no vale la pena.
La verdadera pregunta no es si podemos costear un ayuntamiento propio.
La pregunta es: ¿hasta cuándo vamos a seguir pagando por no tenerlo?
Cabo San Lucas ya manda recursos, ya da impuestos, ya resiste…
Solo falta que reconozcamos lo que ya es: el Sexto Municipio de Baja California Sur.
Es cuanto.

