Emmanuel Novelo
El abandono, la opacidad y el desprecio por la participación social, son caminos que terminan en la judicialización de los problemas. Y eso, es precisamente lo que debemos evitar en Los Cabos»: Emmanuel Novelo.

La reciente suspensión definitiva que frena la demolición de la Ciudad de las Artes en Tepic debería ser una llamada de atención para Los Cabos. Ambos casos tienen similitudes profundas, pero también una diferencia esencial: todavía estamos a tiempo de salvar el Pabellón Cultural de la República “Nabor García Aguirre” antes de que se convierta en otro ejemplo de negligencia que termina en conflicto social y judicial.
En Nayarit, la Ciudad de las Artes nació como un espacio para la cultura y la convivencia comunitaria. Con más de 500 millones de pesos invertidos, albergaba un anfiteatro, aulas, skatepark y áreas verdes. Sin embargo, la falta de cuidado y un plan a largo plazo dejaron el lugar vulnerable. Fue así como, en un abrir y cerrar de ojos, el gobierno estatal decidió demoler gran parte del complejo para construir un estadio de fútbol, sin estudios ambientales, sin consulta pública y sin considerar el derecho de la comunidad a la cultura. Las imágenes de la maquinaria destruyendo el anfiteatro fueron el símbolo de una política que antepuso intereses deportivos o económicos a la memoria colectiva.
La reacción ciudadana fue contundente: protestas, conciertos en las ruinas y, sobre todo, la vía legal. Los colectivos lograron un amparo que primero detuvo provisionalmente la obra y, apenas esta semana, consiguieron una suspensión definitiva que obliga a frenar el proyecto mientras se resuelve el juicio de fondo.
El mensaje es claro: el abandono, la opacidad y el desprecio por la participación social son caminos que terminan en la judicialización de los problemas. Y eso es precisamente lo que debemos evitar en Los Cabos.
El Pabellón Cultural de la República, uno de los recintos más importantes de Baja California Sur, enfrenta un proceso similar de abandono: filtraciones en techos, instalaciones cerradas, mantenimiento casi nulo y un silencio preocupante de parte de las autoridades responsables. Este espacio, con capacidad para más de 3,000 personas, fue pensado como un lugar de encuentro para el arte y la cultura; su construcción costó cientos de millones de pesos del erario y representa uno de los íconos de Cabo San Lucas.
Sin embargo, su deterioro lo hace cada vez más vulnerable a presiones turísticas que podrían intentar desvirtuar su vocación cultural. La experiencia en Tepic demuestra que no se puede subestimar el valor que la sociedad otorga a sus espacios culturales ni el derecho consagrado en el artículo 4º de la Constitución, que reconoce el acceso a la cultura como un derecho humano.
Hoy, a diferencia de Nayarit, tenemos tiempo para actuar preventivamente. Es indispensable que el Ayuntamiento de Los Cabos y el Instituto de Cultura se comprometan a rescatar, rehabilitar y reactivar el Pabellón Cultural. Que establezcan un plan de uso sostenible, que convoquen a artistas, gestores, empresarios y ciudadanía para definir el futuro del recinto. Que se garantice el acceso público y que no se permita que el abandono lo convierta en un “elefante blanco” o un espacio destinado al olvido.
El precedente de la Ciudad de las Artes debe servirnos de advertencia: la cultura no puede ser sacrificada en aras de proyectos improvisados, ni ignorada por quienes tienen la responsabilidad de administrarla. La cultura no es un lujo ni un accesorio; es un derecho que nos da identidad, cohesión social y sentido de comunidad.
Por la cultura y por el futuro de Los Cabos, es momento de actuar.
Novelo
