De las complicaciones de judicializar la democracia… o vice versa
“Cuatro características corresponden al juez: escuchar cortésmente, responder sabiamente, ponderar prudentemente y decidir imparcialmente.” (Sócrates)
Condenarro

El 2024, en definitiva, vino a ponernos en la agenda de toda la ciudadanía el tema este, que lo hemos tenido presente, pero invisible e incluso inalcanzable, el de la justicia; no sólo como una palabra que genera conversación, chisme, queja social y/o personal, o se refiera a un aspecto penal y/o de juzgados. Algo que en realidad me causa pesar, es suponer que el rumbo sociopolítico que las reformas al Poder Judicial sea tan simple como el laberinto del general… o el de la soledad… o el del minotauro… o el del elector saturado de desinformación (ambos lados del ring) sobre los alcances y/o retrocesos que la misma reforma representaría. La ironía que percibo, es con base a los resultados de la jornada electoral del 1 de junio y todos los comentarios y juicios de valor en derredor; ironia que no le hace justicia a la circunstancia ciudadana.

La justicia es esencial para garantizar una sociedad justa (valga la rebusnancia), equitativa y ordenada. Su presencia proporciona un marco legal y normativo que protege los derechos humanos, promueve la resolución pacífica de conflictos y fortalece la confianza y la cohesión social. En su esencia más pura, la justicia social puede entenderse como la búsqueda constante del equilibrio y la igualdad. Es el compromiso de asegurar que cada individuo reciba lo que le corresponde, sin parcialidad ni favoritismos. No obstante parece claro el objetivo de la justicia como tal, creo pertinente explicarme: Mimismo, de esto se trata la división de poderes de una nación como México, aun cuando la noción de ello no sea tan generalizada, incluido el sector público… el intento se hará…

El concepto de división de poderes gubernamentales se refiere a la separación de las funciones del Estado en tres ramas o poderes independientes, con el objetivo de evitar la concentración del poder en una sola persona o institución y garantizar un gobierno equilibrado y democrático, justo; La idea moderna de división de poderes fue desarrollada por el filósofo Montesquieu en el siglo XVIII, en su obra “El espíritu de las leyes”, donde propuso que solo mediante esta separación se puede evitar el abuso de poder, mediante lo cual se evita el autoritarismo, promueve la rendición de cuentas, y se garantiza un sistema de pesos y contrapesos, donde cada poder controla y limita a los otros.

Hago un paréntesis medio histórico considerando que, en teoría, en una democracia se entiende que la isonomía hace referencia a que los ciudadanos cuenten con los mismos derechos políticos y civiles. De este modo es una premisa esencial de un régimen democrático. Para la filósofa Hanna Arendt, “ La isonomía garantizaba la igualdad, isotees, pero no debido a que todos los hombres hubiesen nacido o hubiesen sido creados iguales, sino, por el contrario, debido a que, por naturaleza (physei) los hombres eran desiguales y se requería de una institución artificial, la polis, que gracias a su nomos, les hiciese iguales”; Concluyo yo, que la elección fallida, fraudulenta, cuestionable, anticonstitucional o democrática, según cada quien, fue un ejercicio democrático y el resultado, funesto o grato, no lo veremos hasta en unos meses… o años y, posiblemente no tenga nada que ver con la justicia social que no tenemos clara, y tal vez, redefina el ejercicio constitucional de cada uno de los tres poderes de gobierno y su interrelación, o regresamos a algo parecido de lo que hemos padecido durante décadas… ¿o siglos?

En tanto nos llega la factura o recompensa, la vorágine de reacciones y voces que se alzan o sumergen en un “debate” que más parece una apoteosis de la lucha del poder por el poder mismo, la vida continua, los gobiernos siguen haciedo lo que hacen o creen que hacen y nos hacen creer que todo lo hacen por un bien mayor, por una parte, o bien, nos orillan al extremo del facismo, ¡o peor!, de una plutocracia que ni tan veladamente operaba con disfraz de oligarquía democrática.

Y todo este rollo que me traigo en este debralle que ya tiene en la computadora cerca de un mes sobre la reforma judicial y todas las aristas que de ella han influido en el actuar social, poco civil, si he de mencionar lo que deduzco, que más que explicar al grueso de la ciudadanía lo que realmente se pretende con esa reforma a un sistema de impartición de justicia mal repartida, parcialmente administrada y/o mercantilizada desde el interior de ese Poder Judicial que era intocable y bajo el resguardo exclusivo del Poder Ejecutivo, sin acción directa del Legislativo; parafraseando al secretario general de gobierno del XV Ayuntamiento ¿para que gobernamos?

Lo paradójico es que esta reforma judicial no se ajusta al exceso de escacez de una justicia social que históricamente, no nos la han negado, la tienen anegada. Justamente en este punto y antes de caer en el garlito que histriónicamente se ha presentado como en circo de tres pistas, presentando el absurdo de “ni cacha, ni picha ni deja batear”, yo paso a retirarme y reiterarme como un simple y pobre loco peligroso irreverente, irrelevante, irremediable pero irresistible y real prófugo de la injusticia que el poder de no poder por decisión propia nos acongoja.

«El juicio es la facultad que permite distinguir lo justo de lo injusto.»; «El pensamiento crítico es el antídoto contra la tiranía.»; «La verdad y la política no son fáciles de reconciliar.» (Hanna Arendt)
