Elucubraciones de ayer y hoy…

De la contundencia civil y la respuesta, sí, vil e insegura… sin habilidad en civilidad

Nos toca vivir en una época cuando nacer es negocio, por lo menos para algunos. Morirse también es negocio, porque hay empresas que nos entierran. Vivir es negocio, porque somos sujetos que consumen. Así sucesivamente. Hasta las sonrisas pueden ser negocio.”(José Mujica)

Condenarro

Por aquí de nuevo mi es_timada(o) lectora(or), intentando, procurando hasta donde me sea posible, desenredar la madeja de ideas que que se agolpan y buscan acomodo en contenedor ideático -¿el ático del archivo?-, sin alejarme mucho de algunos temas debrallados en este y algún otro espacio, lo relativo al concepto -multinterpretativo- tan versátil de la política y la ciudadanía, o la civilidad de la política… tal vez la vil política sobre lo socialmente correcto… o políticamente incorrecto.

En las elucubraciones pasadas abordamos la conjunción del concepto “ciudadanía-politica”; en esta ocasión, procuraré, civilizadamente, destrabar mis dudas e inquietudes sobre la civilidad y la habilidad que podemos o podríamos tener para su correcto ejercicio. Tampoco es tan simple como entender el significado de la palabra, como todo el concepto y las interpretaciones que se pueden generar, atribuir, esgrimir e incluso espetar a una sociedad que no evidencia su habilidad civil.

Civilidad tiene sus raíces etimológicas en el latín: “civilitas” que nos refiere al conjunto de ciudadanos que constituyen un estado, especialmente una ciudad-estado, una mancomunidad o similar, así como se conecta con “cordialidad” como un concepto básico, sana convivencia. A mi entender y con base a la experiencia propia, la civilidad se refleja en el comportamiento correcto de un individuo ante la sociedad en la que vive. Dentro de la universalidad del concepto, es el ejemplo perfecto de conductas a seguir por los habitantes de una población para lograr que la coexistencia sea la mejor.

Inferimos que la civilidad se ejerce con base a la civilización en que se vive, entendiendo ésta como un grupo humano que ha logrado un nivel de desarrollo social, cultural y tecnológico que ha desarrollado una organización política y social, desarrollo urbano, un sistema de escritura y una cultura histórica compartida. Más el ejercicio de la civilidad no debiéramos resumir en acudir los lunes cívicos a la plaza pública principal o edificios públicos y/o escuelas. No obstante, es factible evidenciarla en el cabal cumplimiento de las obligaciones civiles; cumplimiento de las leyes y reglamentos, así como la coadyuvancia para ello, sin olvidar que los funcionarios públicos todos, son también ciudadanos con derechos y obligaciones iguales. Teóricamente la civilización es un lugar común de respeto recíproco entre iguales… sólo que siempre surgen unos más iguales que otros…

La historia nos dice que las civilizaciones cambian su forma “civilizatoria” a través de guerras, invasiones, conquistas, deudas, mediante las cuales el respeto respecto a quien se le debe y quien lo impone se ajusta, y si acaso se estaría violando alguna ley, civilizadamente, a las necesidades nuevas.

La civilidad, yo supongo -con las reservas que el suponer implican-, la votación ciudadana que se ejercerá, al parecer en un bajo porcentaje, servirá para que la ciudadanía decida quienes estarán a cargo de la impartición de justicia, la cual, según la Constitución, debe ser imparcial y en igualdad de condiciones para toda la ciudadanía, sin excepción… excepciones parciales debido al fuero que esperemos pronto termine por desaparecer, privilejio del que gozan los titulares de dos de los tres poderes de gobierno, en el legislativo se incluyen a todos, diputadas(os), y senadoras(es). La inmunidad diplomática no procede en este caso.

De la civilidad encontré algunos aforismos: “es fundamental para el correcto funcionamiento de la comunidad”; “los niños deben poseer el valor de la civilidad, debe educárseles para ello”; “la civilidad comienza por ser educado”; “el alcance de la civilidad es el incremento de las buenas personas”, y otras más, fácil de “googlear”. Técnicamente, un ideal es que esos aforimsos los pusieramos en práctica cada día; sería socialmente funcional, creo.

Es cuando creo que ya entendí que ejercer la civilidad sí requiere habilidad, una que crece con nosotros, con nuestro comportamiento en casa, en calle, en escuela, con la gente o solos en la calle y con la calle y/o lugares públicos, y se basa, alcanzo a comprender, en el respeto recíproco ciudadano y ciudadano-gobierno. Algo así como tener en cuenta los elementos mencionados sobre la civilidad, cuando de pronto me asomo a las redes sociales y medios in_formativos y percibo la incivilidad social predominante, para la que la habilidad es más que democrática. El voto, como ejercicio de un derecho civil, sería un ejercicio constitucional en plenitud, más el resultado y lo que siga, será otro boleto… y choco con palabras que se ejercen en el cotidiano colectivo como: coerción, coacción y extorción que van más allá de la civilidad, e incluso con la complicidad desde el privilegio económico y/o político. Tan simple como navegar en las redes y opinionología para percibir de una u otra forma, alguna o las tres.. Valiente y sí, ser vil y habilidoso en el complejo ejercicio de la civilidad.

Así el recuento de los años en el intento de aprender y ejercer por ende la civilidad, con algunos tropezones escarbándole, no hay explicación a mi alcance para entender que tras miles de años de evolución de la civilización que creemos hemos logrado, gracias al racionamiento del raciocinio, al parecer, paradójico ¿no? Sólo basta ver las circunstacias sociopolíticas de Los Cabos, las carencias de servicios a los que obliga una civilizada constitución y los pellizcos, patadas y mordidas para dirigir “la solución perfecta” y utópica, divisa política cíclica (2027 en la mira), razonadamente raciono mi civilidad activa y me retiro y reitero como un simple y pobre loco peligroso irreverente, irrelevante, irremediable pero irresistible y real prófugo de la injusticia de un civilizado error y dejarlo todo al horror del ¿votar o no votar?

El espacio político es el de la mentira por excelencia.” (Jacques Derrida)

Deja un comentario