“He de confesarte que, desde mis días de estudiante, no he sentido ninguna simpatía por los hombres de negocios. No hacen nada si no hay dinero de por medio. A mi entender, son lo que se solía llamar antiguamente, en los buenos tiempos, la escoria de la sociedad.” (Sōseki Natsume)
Condenarro
* Nota de primera actualización del debralle: Tres años atrás escribí el presente este debralle; el camino costero y sus 75 Km, más o menos no es negociable por su carácter de bien de dominio público, y ha sido objeto de presión para que sea, bajo la bandera del desarrollo que de sustentabilidad a la inversión, más no a la ciudadanía, pues le restringe sus derechos constitucionales; tanto la LGBN y la de ZOFEMAT establecen las servidumbres de paso con acceso a playas y las playas en su totalidad como bienes nacionales de dominio público. Los vecinos colindantes de zona federal marítimo terrestre tiene todo el derecho de sus desarrollos siempre y cuando respeten eso… Con la “tercera actualización del PDU” comete un acto ilegal al declarar en desuso un bien de dominio público sin la previa autorización, con justificación legal y por un bien mayor garantizado por el Congreso de la Unión. Existe y es vigente el “DECRETO por el que se adicionan diversas disposiciones a la Ley General de Bienes Nacionales, para garantizar el libre acceso y tránsito en las playas” (DOF 21/X/2020)

La cita de Natsumé describe, sin duda alguna, a gran porcentaje de mujeres y hombres de negocios, pero sabemos que el que generaliza se equivoca y en lo personal conozco muchas personas de negocios que, si bien su objetivo es obtener utilidades, no observan una codicia digna de exacerbar a cualquiera. El tema sobre el que deslizo mi tabla trifásica, se refiere a quienes, bajo la bandera del progreso y crear un destino plus, destinan a la población residente y visitante a privarse de visitar muchas playas, el 90 % entre La Playa y Cabo Pulmo. El camino costero, que data desde hace muschingo de años, los están transformando, ni duda cabe, con la idea de exclusividad.
En lo personal he publicado desde mediados de la primera década del presente siglo, sobre la presencia de seguridad privada, casetas a línea de camino y cercas kilométricas impidiendo el acceso a las playas, incluidos los cauces de arroyos (accesos naturales y de propiedad nacional), que no son pocos. Ya a fines de esa década, los tradicionales campamentos que se hacían a lo largo de la costa en vacaciones de semana santa disminuyeron considerablemente por tal situación.

En alguna plática con Alberto Villada, cuando estaba al frente del Club Campestre de C’Questro, y que hoy día dirige Puerto Los Cabos, me dijo que, si el camino no estaba registrado ante el Registro Público de la Propiedad, los propietarios lo podían reclamar (sic). Al respecto es preciso hacer notar que, en dicho camino, en la curva donde está el mirador de Punta Gorda, se instaló la placa conmemorativa con la leyenda: Gobierno del Estado de Baja California Sur. Camino Rural Costero construido por los gobiernos Federal y Estatal para beneficio de la comunidad; puesto en servicio en mayo de 1984”. Si ésta placa no oficializa el estatus de dicho camino, también se C’Questro el significado.
El caso mi estimada(o) lectora(or), es que en ésta ocasión se me ocurrió considerar información de otra naturaleza, no sólo la “oficial” y la empírica, así que acudí a dos ensayos uno de mi amigo , Jesús Bojórquez Luque (residente de Cabo San Lucas), y otro, de él, en colaboración con Manuel Ángeles Villa y Erietta Gámez Vázquez del departamento de Finanzas de la UABCS ellos: “Produciendo espacio turístico: el despojo en la apropiación de territorio costero de Los Cabos, BCS (México)”*, publicado en Teoría y Praxis N° 26 septiembre-diciembre 2017 y de su autoría: “Tierra de propiedad social, turismo y expansión urbana en San José del Cabo, BCS (México)”, de Pasos: Revista de Turismo y Patrimonio Cultural 19, N°1, enero-marzo 2021.**

El segundo nos refiere la historia del como la actividad económica turística, no podría decir en contubernio, pues es el Estado quien la propicia por conducto de la inversión privada, y que derivado de las modificaciones al Art. 27 constitucional (CSG), se promueve la privatización del ejido, sea mediante expropiación por “utilidad nacional”, que se desarrolló mediante invasiones por necesidad de vivienda social para toooooda la mano de obra importada para los complejos turísticos que hoy día vemos desde Cabo San Lucas hasta La Playa, terrenos que pian pianito fue “regularizando” el Estado; o bien dando la facilidad de mirar para otro lado mientras se desarrolla el despojo descarado, vía adquisición a bajos precios o “me vendes o te lo quito”, tal como sucedió en La Playa y El Rincón de la Playa en las dos últimas décadas del S. XX y los veinte años del presente.
En el primero señalado, nos explican la forma en que el Estado, bajo el disfraz de buscar el propiciar una mejor calidad de vida a los habitantes, van convirtiendo la principal materia prima para el “buen desarrollo de la industria turística” en material de mercado: la tierra, las bellezas y riquezas naturales (agua, playas, desierto, paisaje), con una visión gregaria, sólo para privilegiado$. Nos lo explican con base a la visión del filósofo Lefebvre, quien en uno de sus postulados alude a la transformación del espacio:

“¡El espacio! No hace muchos años este término tan solo evocaba un concepto geométrico, el de un medio vacío… En general se pensaba que el concepto del espacio incumbía a la matemática y solo a ella. Hablar del espacio social habría causado no poca extrañeza.” (Lefebvre)
Con los textos citados, que bien pudieran ser de utilidad para propios y extraños, sean estudiantes, activistas, abogados, investigadores sociólogos; creo que de alguna manera podríamos entender, que no justificar, el mecanismo que utilizaron los funcionarios, mediante la herramienta que les brindó el Estado, para facilitar el acaparamiento de tanta riqueza que nos pertenecía a todos los mexicanos, y lo siguen haciendo, como lo menciono al inicio del presente debralle. De igual manera, el darnos cuenta que la dinámica de turistización de los espacios públicos a favor del “progreso y de$arrollo”, significa el “robar” espacios a la población y eliminar de tajo su derecho a la ciudad, un claro ejemplo y parte de la descomposición social por ello, el fatídico 2017, sin mencionar los edificios derrumbados durante un huracán, o las familias damnificadas por ocupar zonas de alto riesgo, bajo la premisa de “pronta regularización. Punto que se confirmó en el ámbito internacional por conducto de New York Times el 18/IX/’17, con un encabezado: “Los Cabos: un paraíso para los turistas; un infierno para sus habitantes”… lo pueden googlear.

Retomo aquella plática con Alberto Villada, no en sí la plática, sino el motivo que me llevó a solicitarla; el camino costero. En aquella época, gobernador Narciso Agúndez Montaño, gran socio comercial del C’Questro, convinieron en hacer un trato por el camino costero y, como dijo la empresaria josefina Blanca Pedrín, embarazarlo, con panzas aquí, panzas allá y engendrando Desarrollos Turísticos Integrales, de los cuales ya van, al menos tres en obra adelantada entre Punta Gorda y La Fortuna; y se quisieron lavar las manos declarando el camino como en desuso, ¡Hágame usted el fabrón cavor! Un camino que pocos días después de haberlo anunciado en medios, encontraron una fosa clandestina muy cercana al primero de esos desarrollos turísticos integrales. Muy ocurrentes los muchachos.
Así la cuestión de éste nuestro camino costero que nos permite, en teoría oficial, según señala la placa que les platico, a toda la comunidad y visitantes, recorrer esos no sé cuántos kilómetros de terracería llenos de imágenes propias de Los Cabos, acercarnos al sinnúmero de playas del Golfo de California, que si gustan programar un paseo les dejo al calce un link para que lo ubiquen y toda la infraestructura residencial y turística que quieren dejar privada de indeseables como usted y yo, mi estimada(o), y que los privilegiados, sigan embarazando sus caminos, y no los nuestros que nos dejan ir a lugares más que adecuados para filosurfear, nadar, esnorkelear, bucear, acampar en playas prístinas, con amaneceres espectaculares, noches estrelladas y amaneceres impecables, eso sí, nada de lo que llevemos le hace falta a ninguna playa, así que se va con lo que llega, aunque esté vacía la mochila.

Paso a retirarme, ya reventó la ola de ésta semana y al parecer salí, de momento sin rasguños ni tiburones al acecho, paso a reiterarme como un simple y pobre loco peligroso irreverente, irrelevante, irremediable pero irresistible y real prófugo de la injusticia que resulta de un C’Questro oficial de mi propio espacio natural
“El principio de que el fin justifica los medios se considera en la ética individualista como la negación de toda moral social. En la ética colectivista se convierte necesariamente en la norma suprema; no hay, literalmente, nada que el colectivista consecuente no tenga que estar dispuesto a hacer si sirve «al bien del conjunto», porque el «bien del conjunto» es el único criterio, para él, de lo que debe hacerse”. (Friedrich Hayek)

*http://www.teoriaypraxis.uqroo.mx/doctos/numero26/Bojorquez_etal.pdf
** https://ojsull.webs.ull.es/index.php/Revista/article/view/1941/1569
